Domingos.

septiembre 6, 2007 at 12:23 am (Divagando)

Desde que tengo uso de razón recuerdo pocos domingos que me hayan gustado. Y de verdad, son un asco. Cuando estás fuera de casa, porque el domingo es el día de irte, porque has salido la noche antes, porque estás de resaca y no has dormido las horas suficientes y sobre todo, porque el tren de los domingos es el más incómodo de la semana. Nunca hay nada demasiado interesante que hacer. Una tarde normal de invierno en casa en el pueblo consiste en ver el hormiguero, ducha y luego a tomar algo con los colegas o la familia. Cuando vivía en Valladolid eran un poco diferentes…

Si has estado acompañada el finde, el domingo llega la despedida, con el consiguiente nudo en la garganta, con las lágrimas a punto de caramelo, la voz entrecortada, y esa horrible sensación que nos dejan las despedidas a las ocho y media de la tarde en la estación de autobuses. Llegas a casa y no sabes ni qué hacer y decides meterte en la cama lo antes posible, deseando dormirte pronto para que llegue el lunes.

Y… ¿Qué pasa los domingos que estás en la ciudad y no estás acompañada? Esos, esos son los peores de todos. Cinco y pico de la tarde, llamada de rigor para quedar para ir al cine o a jugar a algún juego o a ver un película a casa de alguien o cafecito o lo que cuadre. Ducha y a la calle. Y es cuando te encuentras con la invasión que te pega en la cara como una bofetada, pero además de las que pican. Toda la calle está llena de parejas. Pero de todas las edades además, y todos los que se cruzan contigo parece que te miran y piensan “pobrecilla, va sola un domingo“. Se dan besos por la calle, van agarrados de la mano, se acarician y los más valientes se tocan el culo. Yo que salía de casa dispuesta a pasar una buena tarde de domingo y el mundo entero parece recordarte que tú no tienes a nadie ese día con quien salir de la mano, tocarle lo que haga falta e ir al cine a ver la peli de turno.

Y ya la bofetada se convierte en puñetazo en el estómago si hablamos de ir a un centro comercial o a un centro de ocio o derivados. Y es que no hay nada mejor en un domingo, que estar en el cine intentando concentrarte en la película, escuchar todo el tiempo ruido de besos, pensar que son los de delante, darte cuenta de que también son los de atrás, que la de la derecha mastique palomitas con la boca abierta y a la izquierda esté C que se está riendo porque otra vez elegimos la peor película de toda la cartelera.

Quizás algún domingo de estos consiga tener una tarde romántica con el árbol, pero no pienso salir de casa.

Gracias a M. por sacarme el tema que me dió la idea en nuestro recorrido jaulario-casa.

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1 comentario

  1. Aguilucho cibernético said,

    Desde que tengo uso de razón, los Domingos una vez pasadas las 2 de la tarde siempre han sido las horas más tristes de la semana. Cuando era niño-adolescente-universitario, no podía dejar de pensar que al día siguiente… a clase y hoy en día pagaría porque al día siguiente tuviera que ir a clase, los lunes laborales son lo peor.

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