Ranas y nenúfares
23 de Junio de 2008. 20:15 h aproximadamente. Estaba tan tranquila haciendo este video de la inundación a la puerta de mi casa para mandárselo a mi prima…. Planeaba en que también lo pondría en el blog, que si iba a mandar el enlace a no se quién… empezad viendo el vídeo…
Mientras grababa, pensaba en cómo estaría mi coche, pero vamos, no estaba muy nerviosa porque pensaba que cerraría bien y no le pasaría nada. Al fondo de la fotografía teneis mi coche, el agua ya había bajado algo, pero si os fijais llega a la mitad de las ruedas.
Para los que no lo conozcais, entre mi coche y la parte de abajo de la foto, hay una carretera de un carril y dos aceras tan grandes como la carretera.
Cuando el agua bajó y dejó de llover abrí el coche para comprobar que todo esta bien. Pero no. Estaba encharcada la parte de delante, la del asiento del conductor y la del asiento del copiloto. Hora y pico quitando agua y aún hoy sigue saliendo. Tengo una familia de ranas verdes croando debajo de los asientos y están empezando a brotar los primeros nenúfares. No soy una flipada porque vaya con las cuatro ventanillas bajadas y vaya yo sola en el coche con el aire a tope enchufando a los pies.
Mañana lo llevaré al concesionario. Ya os contaré.
Vacaciones en el mar
Hace diez días que he vuelto de vacaciones. En el curro me dejaban irme una semana, así que sin pensármelo demasiado me decidí a marchar una semana por ahí con el árbol. Y es que claro, como nos vemos muy poco yo tenía unas ganas locas de pasar tiempo con él. Así que nos pusimos a preparar el tema…
Punto uno. Decidir donde nos íbamos de vacaciones. Fácil, o Portugal o Gijón (por Gijón entendemos movernos por Asturias). Como soy una enamorada de la Costa Verde y no me apetecía mucho tener que esforzarme para que me entendieran y al árbol le daba un poco igual, decidimos irnos a ver a los asturianos.
Punto dos. ¿Qué hacemos estas vacaciones?. A todo aquel que piense que decidir es fácil, le hubiera cambiado el sitio. Mientras tratábamos de planear las vacaciones, la cosa fué a bronca por día. Yo tengo el concepto de vacaciones para descansar. El árbol no. Vamos a ver doscientos sitios, madrugamos para ir a no se qué sitio, vamos parando en todos los pueblos para ver todo lo que haya… La cosa en principio tenía fácil solución, la mitad de los días dencansamos y la otra mitad vamos a hacer turismo. Vale. Nos pusimos de acuerdo. O al menos eso creía yo…
Punto tres. Mi primer día de vacaciones empezó comiendo con la familia política. Mi gran estreno… Pufff, esto prefiero ni comentarlo… Porque no es que fuera mal, ni mucho menos, pero la primera vez es la primera vez…
Y nos fuimos de vacaciones. Vimos en cinco días León, Gijón, Avilés, el Cabo de Peñas, Cudillero, Luarca, Lastres, Ribadesella, el Mirador del Fito, Tazones, Cangas de Onís, El Santuario de Covadonga, Fuente Dé y Potes. Justo lo que yo quería, descansar. Os podeis imaginar que tal que el jueves yo estaba cansada y ya empezaba a notarme ligeramente malhumorada. El viernes no me aguantaba ni yo. ¿Cansada? No, reventada y viendo que a los dos días ya tenía que ir a trabajar y no había descansado nada, que era lo que quería.
Si todos los pueblos son muy bonitos, todos y cada uno de ellos tienen su encanto, pero son todos muy parecidos. No hay porqué pararse en todos los pueblos, y recorrerse todos los rincones ni subir a todos los miradores más altos de todos ellos, para ver el mar, el puerto y el paisaje desde arriba, desde abajo, desde la derecha y desde la izquierda.
En fin, aunque no lo parezca, disfruté de mis vacaciones y en la mejor de las compañías. Que el pobre tuvo una paciencia estoica conmigo que los dos últimos días ya no quería ver nada y protestaba por todo. Con lo asquerosísima e inaguantable que me puse y él siempre hablándome con la máxima dulzura. Es otro, y me manda a “freir espárragos” por decirlo de una manera fina. Reálmente es lo que me hubiera merecido…
Para todo lo demás…
Un portacedés para meterlo en la guantera y llevar allí toda mi música, seis euros. Unos zapatos cómodos para conducir los primeros kilometros con mi coche, unos cuarenta euros (bueno, éstos ya los tenía). Un bolígrafo para firmar la póliza del seguro, treinta céntimos (me quedé con el boli del que me hizo el seguro, pero fué sin darme cuenta…). Una botella de agua pequeña para vaciarla encima de la luna y ver si es verdad que los parabrisas se encienden solos, un euro.
Montarme en mi coche y descubrir que no soy nadie sin embrague y que tengo que aprender a conducir con este coche que lo hace todo solo y no tiene nada más que botones… no tiene precio.
Ya os iré contando.
Indefinida.
Hoy me han notificado que me quedo en mi curro. Mi contrato pasa de eventual a indefinido. Creo que aún no lo he asimilado… pero sólo es porque no he podido llorar de la emoción… Me ha tocado el gordo, el segundo y hasta la pedrea diez días antes..
¡¡¡Ciberchampán para todos!!!
Detalles
Como muchos de vosotros sabeis, la semana pasada he estado de vacaciones. Y he estado en la gloria, porque de diez días que tenía, siete estuve en muy buena compañía… (De ahora en adelante lo llamaré “el árbol” y el porqué de ese nombre irá en otro post)
El viernes día 2, cuando salí de trabajar, me monté en tren hasta Madrid, que tardó casi cinco horas. Iba con mi ropa de curro, o mejor dicho, disfrazada de persona. El árbol lo sabía, y cuál fué mi sorpresa, cuando salgo del hall de Chamartín y le veo vestido de traje. La verdad es que me dió la risa, no sabía a que se debía, pero me encantó el detalle. Estaba mucho más que guapo, estaba radiante, y con esa sonrisa pícara y juguetona…
De camino a su casa, en el coche me decía que nos íbamos a ir a cenar por ahí y que iriamos primero a su casa a dejar mi maleta y a retocarme un poco el maquillaje. Así que llegamos a su casa y yo me fuí directa al baño, ya sabeis, “Chapa y Pintura” como dice la Kantabruja. Cuando terminé de empolvarme la nariz y demás menesteres, mi árbol me esperaba en la puerta de salida, pero me tapó los ojos y me llevó al salón. Dió la luz, y cuando me descubrió, ví una mesa preciosa para dos en medio de su salón. Música de ambiente para cenar unas deliciosas berenjenas rellenas, canapés, campiñones al ajillo, y entre otras cosillas, una botella de lambrusco y otra de peñascal, de las que no sobró casi nada.
El resultado de todo fue que me emocioné y lloré, en la que sin duda ha sido la cena más romántica de mi vida. Un gran detallazo, que me dejó más que boquiabierta. Y bueno, la verdad es que después de todo ésto y de los detalles que tiene conmigo me siento más que afortunada. Quizás a muchos os parezca una bobada lo que acabo de contar, pero a mí me ha hecho tan feliz, que tenía que contarlo.
Otro más…
Hace unos días volví a cumplir años. Joé… qué mal suena… el caso, es que no tuve el movil conmigo más que un rato por la tarde por motivos de curro y luego me fuí a cenar con la familia a un pueblito encantador en el que no hay cobertura. El tema no es contaros el día entero, si no lo que pasaba por mi cabeza cuando ví a las siete de la tarde que tenía dieciocho llamadas perdidas, y mogollón de mensajes. Sonrisa de oreja a oreja claro… Cuando acabamos de cenar y mi móvil fue recuperando la cobertura, me empezaron a llegar mensajes… Y claro, su correspondiente sonrisa de oreja a oreja de nuevo.
El caso es que yo presumo de olvidarme muy pocas veces de los cumpleaños (por no decir casi ninguna) y estuve pensando sobre la importancia de una felicitación. A todos nos encanta que todo el mundo se acuerde de nuestros cumpleaños, al menos la gente que nos rodea, y además, no me pregunteis porqué, pero yo le doy especial importancia. Así que bueno, a los que no pudisteis hablar conmigo ese día pero lo intentasteis, que sepais que lo sé, que estuve muy muy liada, además era Santa Marta, la patrona de los camareros, un oficio que sigue siendo mío, al menos los fines de semana, así que lo celebré por partida doble.
Y ya que estoy, hablemos de regalos. Recibí el regalo más bonito y más original que he recibido nunca, de la persona que menos me lo esperaba. Alguien que me alegró el día, aunque estuviera llorando antes hora y pico de lo que consiguió emocionarme. También mil gracias a mi familia, que me regaló un bono de solarium… Así me ven ellos, pálida como la leche, ahora creo que me intentan convertir en cola cao… Aún así yo seguiré fiel a mis principios de esconderme del sol en verano, que ya no se lleva…
De vuelta
Acabó el curso escolar y ahora toca lo complicado, volver a casa. En mi caso, vuelvo a casa no por un verano, si no por algún tiempo más porque me han hecho un contrato de trabajo por seis meses con opción de ampliación si la cosa va bien.
Y la verdad es que estoy muy contenta, es el trabajo que quiero, en la empresa que quiero y a veinte minutos en coche de mi casa… Aquí llega el problema, no se si volver a casa es lo que deseo ahora mismo. Tengo muy buena relación con mi familia, y además me gusta estar con ellos, pero hace muchos años que vivo en una ciudad mediana y el comenzar a acostumbrarme a vivir en un pueblo pequeño me asusta.
La única verdad de todo ésto es que tengo miedo al cambio, a no ser capaz de acostumbrarme a ésto de nuevo. Y lo más importante, me da miedo perder a la gente que me ha acompañado durante mi andadura en la ciudad, y no me refiero sólo a mis amig@s precisamente. Tengo miedo a que la distancia haga de las suyas. Debo ser una miedica…
El espectáculo debe continuar
Supongo que en días como hoy, no queda más remedio que levantarse y volverlo a intentar, por enésima vez, aún sabiendo que tampoco servirá de nada.
Para una florecilla del campo
Me gustaría dedicar las cuatro palabras de hoy a alguien muy especial para mí. Por diversos motivos, no voy a poner su nombre, digamos que es una florecilla del campo, y así ella lo entenderá.
El motivo por el que le dedico este post es porque esta mañana ha hecho el que con toda seguridad será su último examen antes de ser toda una Licenciada en Economía. Además de ser una de las personas más inteligentes que conozco, es una grandísima persona, leal, sincera y amiga de sus amigos.
La verdad es que es para sentirse muy afortunada cuando cuentas con una persona que significa tanto como ella significa para mí, alguien que está para lo bueno, y que me ha ayudado lo indecible en lo malo. Gracias por esos cafés de las cuatro y veinte en el Infan, gracias por tus palabras de ánimo cuando lo he necesitado, gracias por tu compañía y gracias por tu sinceridad.
Ahora sólo me queda darte mi más sincera enhorabuena, desearte todo lo mejor, y bueno… casi siento que una parte de mí, se licencia hoy contigo. Te quiero.
Mi pequeño palacio
Como muchos de vosotros ya sabéis, vivo en un piso de estudiantes que comparto con C-18 y otras dos chicas. Llevo aquí ya cinco años y aunque me cueste reconocerlo, este piso ya es parte de mí.
Cada una tiene su habitación, y el baño es compartido. Hay un salón y una pequeña cocina. Empezaré hablando de mi habitación. La verdad es que es bastante grande, con una buena cama, pero la puerta sólo se abre desde dentro, la pared de al lado de la puerta se está cayendo, hay una gotera pegando al rodapié (eso sí que no lo había visto yo nunca), y la pared de mi terraza está parte de ella en el suelo. Pese a todo es mi habitación y me encanta.
El baño… pufff el baño…. Un metro cuadrado, o dos a lo sumo, donde hay bañera, taza y lavabo. Se tira cuatro meses inundado en invierno porque hay tanta humedad que resbala por la pared y acaba formandose un charco… Vamos, que si llegamos a tener la ventana un poco más grande, creo que vendrían los patos a bañarse, porque como haya mucha humedad hay veces que cubre y todo, jejejeje….
Mi salón no es feo, ¡qué vá!, de verdad que no es feo, es horrible… Eso sí, tenemos muebles de época, y eso no lo puede decir todo el mundo… La lámpara es de la época de los disonaurios, el mueble de la época de los romanos… el sofá, al margen de ser incómodo es espantoso, y claro tiene un sillón a juego más dañino a la vista si cabe. ¿Y la tele? La tele es todo un poema. Si hay alguien cerca no se ve la imagen, si está la puerta del salón abierta tampoco, y si además hay alguien en el baño ya ni se oye. El suelo de la casa es de hule, y hay una alfombra estratégicamente situada para tapar las zonas en las que está roto.
La cocina es azul. Miras a la derecha y los muebles son de una forma y miras a la izquierda y son de otra. Curioso, ¿Verdad? Aparte que el que montó la cocina debía ser un chapuzas integral porque todo se desmonta con una curiosa facilidad, vamos que yo creo que los lego son más estables.
Pese a que la decoración sea lo más hortera que me he encontrado, y que ande escondida por los armarios, que las puertas no tengan manillas y hagan más ruido que las de Los Monster, que las ventanas no cierren y en invierno se dispare la factura de la calefacción y mil detalles más, es mi casa. La que me ha visto reir y llorar durante cinco años, y en la que he pasado momentos malos, pero a cambio me ha dado otros que no olvidaré nunca. Es mi pequeño palacio, mi guarida, mi refugio.

