Acostumbrarse
Y volvemos a las antiguas rutinas, pero esta vez fuera de mi casa de estudiante (que no pensaba yo que iba a echar tanto de menos), y acomodada en mi casa paterna. Ahora tengo nuevos cometidos, tengo que estar pendiente de cuando echan las series que me gustan para descargármelas, tengo que mirar de vez en cuando las novedades musicales, y es que ya no tengo a Elros a mano ni a la (los) que lo manejaba como que fuera una prolongación de su mano.
La verdad es que aún tengo la sensación de que estoy en casa un poco de prestado, casi estoy esperando a que se acabe el verano y volverme otra vez para la ciudad de la que tanto he renegado en tantas ocaciones, pero de la que tanto me acuerdo, no por la ciudad en sí, si no por la gente de la que me he rodeado estos años.
Y es que en casa, bueno, no tengo mala relación con mis padres, no me controlan ni me piden explicaciones a todas horas, pero tengo continuamente la sensación de estar fuera de mi sitio. Quizás sea por las riñas infantiles con mi hermana, o por el aburrimiento de no tener nada que hacer en mi tiempo libre, que estoy deseando que llegue el lunes para ir a trabajar.
No os lo vais a creer, pero aunque mi trabajo me encanta, me llena y me motiva, echo de menos el ir a clase. No por las clases si no por el ambiente tan distentido y tan sanote que teníamos en el grupillo de la facultad. Cuántas veces me teletransportaría para tomarme un cafetín en su compañía…
Sólo hay algo que lo hace todo infinitamente más llevadero, y son las charlas con mi árbol en horario nocturno y a golpe de skype. Afortunadamente es algo que no ha cambiado aunque haya vuelto al pueblín.