Rosario de la Aurora en Cervera.
En mi pueblo tenemos una costumbre que yo no he visto en ningún otro sitio. En fiestas, cuando acaba la verbena, más o menos a las cinco de la mañana, y la orquesta se cree que ya han cumplido, sube Gaspar (60 y pico años) y comienza a entonar el Rosario de la Aurora, o la canción de los caliqueños como la conocen los de fuera.
Imaginad la plaza del pueblo llena de gente de rodillas con las manos en alto, todos cantando la misma canción de todos los años, con un maestro de ceremonias con más fiestas de Cervera en su cuerpo que ya las quisiéramos los demás. Los grupos de las verbenas que es la primera vez que vienen a Cervera sacan hasta cámaras de video, porque es digno de ver.
La letra de la canción es muy básica.
Gaspar: ¿Qué le hace el novio a la novia cuando van por el bosque?
Gente: Aaaaaméeennn
Todos: Se la agarra de la manita subidubi dubi subidita, se la agarra de la manita subidubi dubi subidubidá.
Bueno, y así sucesivamente hasta que a la moza, se la agarra de la manita, se la lleva a la casita, se la mete en la camita, se la bajan las braguitas, se la echa el primer caliqueño, se la echa el segundo caliqueño, se la echa el tercer caliqueño, con el cuarto no hay quien pueda y entonces…. Se la saca de paseo….
El final de la canción es lo mejor… ¡¡NO HAY QUIEN PUEDA CON LA GENTE DE CERVERA!!
Os dejo el video para que os hagais una idea, aunque lo que he encontrado no se ve muy bien. La continuación al Rosario de la Aurora, es la carrera de caballos, pero esa la contaré otro día.
Acostumbrarse
Y volvemos a las antiguas rutinas, pero esta vez fuera de mi casa de estudiante (que no pensaba yo que iba a echar tanto de menos), y acomodada en mi casa paterna. Ahora tengo nuevos cometidos, tengo que estar pendiente de cuando echan las series que me gustan para descargármelas, tengo que mirar de vez en cuando las novedades musicales, y es que ya no tengo a Elros a mano ni a la (los) que lo manejaba como que fuera una prolongación de su mano.
La verdad es que aún tengo la sensación de que estoy en casa un poco de prestado, casi estoy esperando a que se acabe el verano y volverme otra vez para la ciudad de la que tanto he renegado en tantas ocaciones, pero de la que tanto me acuerdo, no por la ciudad en sí, si no por la gente de la que me he rodeado estos años.
Y es que en casa, bueno, no tengo mala relación con mis padres, no me controlan ni me piden explicaciones a todas horas, pero tengo continuamente la sensación de estar fuera de mi sitio. Quizás sea por las riñas infantiles con mi hermana, o por el aburrimiento de no tener nada que hacer en mi tiempo libre, que estoy deseando que llegue el lunes para ir a trabajar.
No os lo vais a creer, pero aunque mi trabajo me encanta, me llena y me motiva, echo de menos el ir a clase. No por las clases si no por el ambiente tan distentido y tan sanote que teníamos en el grupillo de la facultad. Cuántas veces me teletransportaría para tomarme un cafetín en su compañía…
Sólo hay algo que lo hace todo infinitamente más llevadero, y son las charlas con mi árbol en horario nocturno y a golpe de skype. Afortunadamente es algo que no ha cambiado aunque haya vuelto al pueblín.