Pánico
Sábado 19 de junio de 2010, 15:07 pm. Mercadona Miramadrid de Paracuellos del Jarama.
Sólo estaba intentando comprar algo rápido para comer intentando no tardar demasiado, cuando me enfrenté a una de las situaciones más significativas que le ocurren a una persona humana. Deambulaba por los pasillos inapetente pero con hambre, sin saber qué comprar y sin imaginarme lo que estaba a punto de suceder, con una crema hidratante para hombre en la mano derecha y la cesta casi vacía en la mano izquierda. Cuando, en medio del pasillo, bajé la cabeza y me quedé paralizada.
Ahí estaba. Me miró. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Como la sacudida eléctrica que me regala el Katicar cada vez que me bajo y me calambrea sin piedad. Aún hoy se me erizan los pelillos del brazo cuando recuerdo ese difícil momento. Os juro que traté de esquivarla con la mirada, e incluso giré el cuello sin miedo a los efectos de la contractura que me estaba buscando tratando de evitar que me encontrara, pero tan poderosa como el ojo de Mordor, me encontró y no tuve escapatoria. Creo que hasta me guiñó la muy cabrona.
La puse en la palma de mi mano y con los dedos pude apreciar la suavidad de su tacto, en armonía con su color brillante pero muy discreto. La coloqué con mimo y delicadeza en el cesto y me acerqué a la caja. No quería seguir mirando. Algo en mí sabía que nada volvería a ser como antes. El principio del fin había llegado.
El sábado pasado compré por primera vez en mi vida un contorno de ojos. Si es que, ya lo dice mi padre, “Con la edad los cuerpos se estropean”…
Gran descubrimiento…
Como alguno de vosotros sabe, de vez en cuando doy clases a un nenu del pueblo de al lado. Ahora, como se acaba el curso, pues un poco más a menudo, porque hay que apretar, pero bueno.
Ayer, cuando acabamos de repasar áreas de polígonos, el niño me dijo que le tenía que echar una mano con la flauta, ya que había aprobado el examen escrito, pero se tenía que aprender una canción con la flauta y no se le daba bien. Le dije que yo no sabía flauta, pero que podíamos mirar la música para ver si conseguíamos algo. La canción en cuestión es la de Indiana Jones.
Cuando estaba en el colegio y nos ponían mandaban tocarla, es que era un desastre. Me escudaba en que la flauta era vieja y no sonaba bien, pero la verdad es que era un verdadero zote y metía unas cencerradas muy curiosas.
Total que me pongo a leer la partitura y…. los primeros compases bien, pero en momento que empezaron las notas agudas, me di cuenta de que sólo sabía tocar una escala con la flauta. Y necesitaba dos… Y como hay que pensar rápido, mientras el niño destrozaba los dos primeros compases, me puse a buscar las escalas del fatídico instrumento en internet. A la tarcera va la vencida… lo encontré. ¡¡ Es por atrás !!
Sin que malinterpretéis, la flauta tiene un agujero detrás que sirve para muchas cosas. Toda la vida preguntándome para qué servía y resulta que es multifunción. Nunca un agujerín había dado tanto de sí… Además depende de si lo tapas entero o la mitad suena de una manera u otra. No sabía yo que una barrita con bujeros y llena de babas podía dar tanto juego…
Estoy maravillada con la flauta. Después de tantos años, he conseguido mirarla de otra forma… Y sobre todo estoy maravillada con internet. Katia 0 – Google 1
Bienvenidos a la república independiente….
… de la banda magnética de las tarjetas de crédito y las colas de Ikea.
Hay que ver qué cosas nos pasan con las tarjetas de crédito… Todo por no mirar el saldo antes de ir a comprar….
El sábado pasado me fui de compras. He encontrado mi sitio para ir de compras. Nada de Gran Vía, ni Calle Santiago, ni Calle Mayor ni ninguna calle. Yo soy más de Alcobendas. Un gran centro donde tienes de todo.
Bueno, pues tenía que ir a Ikea para comprar unas historias que me había encargado mi hermana. Eran las 11 de la mañana aproximadamente cuando el árbol me dejó en la puerta de salida del gigante sueco, en su afanado intento de buscar aparcamiento. Como sólo iba a por dos cosillas y no me iba a entretener, entré por la salida y fuí haciendo el recorrido de las flechas del suelo a la inversa. No tardé demasiado en encontrar las cosas y fui hacia las cajas. Las primeras estaban hasta la bandera y avancé un poco más para ver si las últimas estaban mejor.
Bingo. Ví una caja en la que había una pareja con un bebé y con una sonrisa triunfal me coloqué detrás de ellos. La cajera comenzó a pasar sus cosas por caja mientras yo me dedicaba a sacar la lengua a la niña y a hacerle muecas. A la hora de pagar, le dan la tarjeta a la cajera. Como eran ciudadanos del mismísimo extranjero, les pidió el pasaporte. Tres horas y media hasta que la chica lo encuentra en su megabolso. Error. La tarjeta no pasa. La chica mira al chico con los ojos tan abiertos que parece un dibujo animado. La cajera vuelve a pasar su tarjeta. Error de nuevo. Se ponen a hablar en Inglés. Mientras, yo también pensaba en inglés. Fuck, fuck, fuck. Ella le dice a la cajera que “No cash”. La cajera le mira al chico y le pide otra tarjeta. El chaval reacciona y saca una suya. Otra vez a buscar el pasaporte. Otras tres horas y cuarto mareando el bolso. Yo mientras sigo pensando en inglés. Ha habido suerte, esta sí pasa. Lo de cuando la cajera le pregunta el código postal al maromo no lo cuento….
Levanto la vista y veo salir a los que estaban detrás de mí buscando caja y se quedaron en una de las que yo me fui. Parecían tan felices…
Y al final, se cumple la teoría de un colega mío. Te pongas en la caja que te pongas, al final siempre tardarás tú más que el resto.
Lost: The Beginning of The End
Eres un verdadero Lostie si juegas a la primitiva cada semana con los mismos números: 4, 8, 15, 16. 23 y 42, repasaste tus apuntes de latín de BUP por si acaso te capturaban “The others”, has buscado la discografía de Driveshaftt en la mula, quieres ser trabajador de la iniciativa Dharma al acabar tu carrera, te compraste un ajedrez para jugar con Mr. Eko imaginario, has puesto el despertador cuarenta minutos antes de ir a trabajar o a la facultad para poder ver un capítulo recién descargado, tu primo el pequeño se llama Pablo pero tú le llamas Aaron, en vez de sueños tienes flashforwards, has enganchado a Lost a tus padres y compañeros de curro para poder hablar de la serie en casa y en el trabajo, utilizas en tu vida normal frases como… “No me digas lo que no puedo hacer” “Todo sucede por alguna razón” “Vivir juntos morir solos”… aunque no vengan a cuento, has imitado la voz de “Previously on Lost” cientos de veces, te has gastado quince eurazos en tu taza de la estación cisne y otros tantos en pegatinas de vinilo que has comprado por internet y te mueres de ganas por pegar el logo de la estación cisne sobre la puerta del frigorífico (que es blanco, claro) y además has visto la serie en inglés para no tener que esperar a que saliera en España…
Disfrutemos de la última temporada. Anda que no va dar cosa el día que acabe…
Gracias a todoseries.com y a sus comentaristas.
Más que dos
El día 24 de diciembre, vísperas de Navidad, mi gran constipado y yo nos fuimos a Madrid al acabar de currar. Iba a ser mi primera Navidad fuera de casa, sin mi familia cerca, pero con la familia política al lado. Mi primera Nochebuena con mi árbol en su casa. La verdad es que fue muy bien, incluso tuvimos un Papá Noel propio y todo. Lo que más me emocionaba era estar con él, lo demás era un añadido.
Pasé ese fin de semana en su casa con los suyos y el domingo pusimos rumbo a mi casa. Me sentía como si estuviera de vacaciones porque iba el árbol conduciendo y yo de copiloto. Llegamos, dejamos las cosas en casa y nos fuimos a ver a mi familia. No nos entretuvimos mucho porque había que preparar todo para el día siguiente, que yo tenía que trabajar. Cenamos los dos juntos, él recogió la mesa, vimos los dos juntos un rato la televisión y yo me fui a la cama. Al poco llegó él. Yo aún no me había dormido.
Al día siguiente, sonó el despertador, me fui a la ducha, me preparé y cuando estuve lista fui a darle un beso antes de marcharme. Durante la mañana, le llamé como tres veces, para ver qué hacía, si estaba bien, si necesitaba algo…
Llegar a casa y encontrarte la mesa puesta, la comida hecha, y que te reciban con un beso, con un “¿Qué tal tu mañana guapa?”… Y luego comer acompañada, fregar, siesta o remoloneo, y todo ello con él. Y así día tras día hasta que llegó el 11 de enero. Tuvo que volver a Madrid, el curro y otros menesteres le reclamaban ya.
No te imaginas cómo te echo de menos. Y es que, como dice Benedetti, somos mucho más que dos.
Temporal
Sábado 9 de enero a las 12 de la mañana. Casi un metro y ha seguido nevando todo el día. Continuamos para Bingo.
Por cierto, la de rosa soy yo.
Melchor – Papá Noel – 7 enanitos.
Esta mañana, estaba trabajando y entablé conversación con una mami de mi edad (o algo más joven…). Tiene un nene de dos años muy despierto y guapísimo. Preguntaba a la madre si el niño era aún pequeño o se enteraba de los Reyes Magos. Ella me contaba en un tono la mar de gracioso (es triste no poder reproducirlo aquí) que tenían un pequeño conflicto familiar que iban a tener que sentarse y resolver. Me contaba que su hijo tiene un pequeño lío entre Papá Noel, los siete enanitos y Melchor. Dice que el problema es que todos ellos tienen la barba blanca y que su hijo cada vez que ve a uno de ellos le llama “Papá” por Papá Noel y le pide juguetes. Dice que Blancanieves, Melchor y Baltasar le dan un poco igual, pero que lo de la barba blanca… le tiene loco… “Lo vamos a tener que resolver pronto porque si no la que nos va a caer es terrible”.
Espero que mañana muchos de nosotros podamos sentir esa pizca de ilusión, niñez y nostalgia que hace que siempre, la mañana de Reyes sea diferente. Y ahora me voy a la cabalgata.
¡¡Felices Reyes !!



